“El sueño del celta”: de Joseph Conrad a Vargas Llosa

Cuando en 1902 Joseph Conrad publicó su novela “El corazón de las tinieblas” (“Heart of Darkness”), muy pocos eran conscientes en la Europa de entonces de lo que en las entrañas coloniales acontecía, incluido el personaje de la novela, el marinero Charlie Marlow, quien nos narra la travesía que realizó tiempo atrás por el Río Congo buscando al Señor Kurtz, el jefe de una explotación de marfil situada en el entonces “Congo Belga”, un territorio que en aquel momento era, literalmente, la “finca particular” del Rey Leopoldo II de Bélgica, reflejo fiel de la realidad colonial de entonces.

El relato de Conrad comienza como podría hacerlo cualquier otro relato de aventuras de la época: un viaje desde la Metrópoli británica hacia tierras inóspitas, con el remonte del Río Congo como aderezo, en un continente africano, misterioso, lleno de lugares vírgenes e inóspitos que, desde luego, prometía aventuras y, por supuesto, fortuna. Sin embargo, el desarrollo de la obra se va trocando en un relato desgarrador en el que se nos va mostrando la cara más inhumana de la época colonial, un viaje que se convierte en un descenso a los infiernos más terribles en los que la brutalidad de los colonos europeos hacia los nativos deshumaniza totalmente a ambos, mostrándonos el lado más primitivo del Ser Humano, algo que se define perfectamente en las palabras finales del personaje a quien buscaba el protagonista de la novela, el Señor Kurtz: “El horror! ¡El horror!”.

Ese desarrollo de la novela de Joseph Conrad presenta paralelismos con el colonialismo mismo y con la consideración social hacia él. Efectivamente, si en la novela de Conrad vemos la evolución de la narración desde la aventura hasta el mismísimo terror (lo cual se aprecia perfectamente en el personaje que motiva el viaje al Congo Belga de Charlie Marlow, el Señor Kurtz, cuya figura se va mitificando y agrandando a lo largo del relato, hasta que es hallado, trocándose entonces en un personaje misterioso que pronunciará aquellas enigmáticas palabras antes descritas antes de morir), una evolución que coincide exactamente con la concepción social y moral que se ha ido teniendo a lo largo de la Historia con respecto a los procesos colonizadores: de unas supuestas bondades iniciales se evoluciona hacia la degradación y la deshumanización más absoluta.

Y es que la obra de Conrad se encuadra en un momento histórico en el que ya se comienza a sospechar sobre las supuestas “bondades civilizadoras” del colonialismo europeo decimonónico, poniéndose de manifiesto que tras la supuesta “tarea humanizadora” existían unos actos de brutalidad institucionalizados en las colonias africanas que en nada se correspondían con la propaganda oficial, algo común, por lo demás, a todo proceso colonizador e imperialista, de ahí que la novela de Conrad fuera objeto de adaptaciones posteriores para denunciar otros procesos imperialistas y de ocupación, siendo el caso más conocido el de la adaptación al cine que hiciera Francis Ford Coppola en su película “Apocalypse Now”, ambientada en la Guerra de Vietnam y que denunciaba la intervención estadounidense en aquel país y su lado más deshumanizado frente a la propaganda oficial. Unas denuncias contra el colonismo a las que se suma ahora la última novela del recién estrenado Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa: “El sueño del celta”.

En “El sueño del celta” Vargas Llosa narra la historia de Sir Roger Casement, un Diplomático británico (de origen irlandés) cuyas ideas políticas evolucionaron del más fervoroso imperialismo británico a la más radical militancia en favor de la independencia irlandesa, siendo el punto de inflexión para esa radical evolución ideológica precisamente sus viajes al “Estado Libre del Congo” del sangüinario Leopoldo II de Bélgica, siendo en unos de esos viajes cuando el Diplomático conoció a Joseph Conrad, antes de que el autor publicara su obra “El corazón de las tinieblas”. Durante esos viajes al país africano de Roger Casement, que comenzaran en 1883, a medida que desarrollaba su labor diplomática en diversos ámbitos, entre ellos en la “Asociación Internacional Africana” fundada por Leopoldo II de Bélgica, fue descubriendo la cara oculta del imperialismo europeo, una cara enmascarada tras una pretendida “misión salvadora y civilizadora” y que no era más que la tapadera que ocultaba la más miserable de las explotaciones del hombre por el hombre amparada por elaboradas teorías pseudocientíficas sobre la superioridad del hombre blanco, legitimadoras al fin y al cabo de la tamaña explotación y crueldad que se daban en las tupidas selvas congoleñas, algo que, como irá descubriendo con los años Casement, no era algo exclusivo de aquellos territorios, sino que, por el contrario, era la esencia de todo fenómeno colonialista.

En 1900 Casement fundará el primer puesto consular británico en el Congo, puesto desde el que denunciará repetidas veces ante el “Foreign Office” británico las brutalidades de los europeos hacia los nativos congoleños y las terribles consecuencias del sistema de trabajos forzados en la población local, denuncias que dieron lugar a que se le encomendara en 1903 por parte de la Cámara de los Comunes británica una investigación sobre tal situación, investigación que desembocará en un informe publicado en 1904 (dos años antes se publicaría el libro de Conrad “El corazón de las tinieblas”), el cual será tan contundente que incluso haría tambalearse las relaciones entre el Reino Unido y la Bélgica del sangüinario Leopoldo II de Bélgica. A pesar de ello, en 1911, su valentía y su labor investigadora le valió el otorgamiento del título de “Sir”.

Durante sus años de estancia y actividad diplomática en el Congo, Casement quedó horrorizado y marcado por las atrocidades institucionalizadas por parte del colonialismo, atrocidades que costaron la vida a más de diez millones de nativos que eran tratados peor que animales: matanzas indiscriminadas, castigos arbitrarios, trabajos forzados por el mero hecho de ser nativos, violaciones y mil y una atrocidades más amparadas por el poder colonial que excluía de la protección legal a unos nativos que consideraba infrahumanos por civilizar. Las “bondades” del paternalismo colonial se mostraron a los ojos de Casement como la ferocidad de un sistema atroz cuya única finalidad era el saqueo de los territorios colonizados, unos territorios en los que los colonizadores se despojaban de toda moralidad para perpetrar los más horribles crímenes, la mayoría de los cuales escapaban de toda lógica y motivación, rayando la mera y simple gratuita crueldad. Todo ello también fue descubierto y desvelado por Joseph Conrad, amigo de Casement y nexo de unión entre el Diplomático británico y Vargas Llosa en su última obra “El sueño del celta”, en la que reciente Nobel de Literatura denuncia el carácter innato de la atrocidad e inhumanidad del colonialismo y el imperialismo a través de la vida de Casement partiendo de la obra de Conrad “El corazón de las tinieblas”.

Vargas Llosa nos revela en “El sueño del celta” un Casement apasionante, un personaje complejo, con contrastes, un ser humano que, en fin, desde los valores más profundos de la Humanidad, evoluciona impulsado por un ideal, en coherencia con sus propias convicciones; un personaje que, en realidad, presenta grandes paralelismos con el propio Vargas Llosa: evolución ideológica para ser coherente con los valores más profundos y comunes del Ser Humano; un personaje perseguido por esa misma razón por sus compatriotas, como lo fuera el propio Vargas Llosa hasta el punto de tener que exiliarse; y, en definitiva, un personaje comprometido con sus propios ideales, despojándose, por ello mismo, de los ropajes y tintes políticos que constriñen al propio individuo impidiéndole pensar por si mismo confundido en la masa ideológica.

“El sueño del celta” es otra obra maestra del genio Vargas Llosa, en la que, a través del apasionante Casement, denuncia los abusos del poder y sus artimañas para enmascararlos de cara a la opinión pública. Para ello, Vargas Llosa se suma a quienes se han acercado a la tragedia continua del Congo, una tragedia cuya denuncia comenzara Joseph Conrad, que continuaran el historiador negro G. W. Williams, el propio Roger Casement y los escritores Arthur Conan Doyle y Mark Twain en la obra común “La tragedia del Congo”, y que ahora culmina el magistral Nobel en “El sueño del celta”.

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